12/8/17

"El Escudo de España", souvenires en el recuerdo.

El Escudo de España en una fotografía de mediados de los años 60

Su historia es la historia de tres generaciones que se remonta al 14 de marzo de 1914, cuando un emprendedor industrial vallisoletano, Julián de la Fuente Turienzo, que tenía una tienda en la calle Santiago dedicada a mercería y camisa a medida, adquiere un local en el número 12 de la Acera de San Francisco (hoy calle Ferrari) y lo bautiza con el nombre de ‘El Escudo de Bilbao’, debido al gran número de universitarios de Bilbao que entonces estudiaban en Valladolid, pero por motivos políticos durante la guerra le taparon la fachada para evitar lios y le cambiaron el nombre por el de "El Escudo de España".

Foto: J.M. Lostau para El Mundo Castilla y León

Alfonso de la Fuente de Barrio, nieto del fundador, fue el único de los tres hermanos -el más pequeño- que continuó al frente del negocio hasta su cierre en 2008. Los otros dos hermanos, Julián y Conchita, también estuvieron ligados al mismo hasta que se jubilaron, aunque no de una manera tan directa como Alfonso.
Los tres conformaban la tercera generación de una "familia de comerciantes de toda la vida", explica Alfonso, ya que tras el fallecimiento del fundador, siguió con el negocio su hijo y padre de los tres hermanos: Eugenio de la Fuente Álvarez, fallecido en 1973.

Alfonso de la Fuente posa tras el mostrador en el que trabajó durante medio siglo.
Foto: EL DÍA DE VALLADOLID

Eugenio, que en su juventud fue jugador de fútbol y llegó a militar en las filas del C.D. Español de Valladolid, fue uno de los fundadores en el año 1928, junto con el Real Unión, del Real Valladolid Deportivo (Real por Unión y Deportivo por el Español). Su gran conocimiento del mundo deportivo fue también decisivo para la incorporación al negocio de artículos relacionados con esta parcela como escudos, insignias, bufandas, banderines... llegando a suministrar balones, camisetas o botas a los equipos pioneros de fútbol local.
"Quién nos iba a decir, recuerda Julián, que todos estos artículos despertarían, sesenta años después, en 1982 -el año de la celebración del Mundial de Fútbol en España- el interés de los integrantes de las selecciones de Kuwait y Francia y de sus aficionados. Incluso a la televisión francesa le debieron resultar tan peculiares los artículos que emitieron un reportaje sobre la tienda".

La verdadera transformación se produjo en los años 50. Botones, camisas y calcetines fueron relegados a un segundo plano. Su puesto fue ocupado paulatinamente por artículos de regalo y recuerdos destinados fundamentalmente al turismo extranjero como abanicos, toreros, sevillanas... lo que convirtió a ‘El Escudo de España’ en uno de los establecimientos de Valladolid pioneros en esta actividad.

Foto: El día de Valladolid

"El atractivo de todos estos artículos para el turismo extranjero es innegable, explica Alfonso, pero no podíamos ni queríamos dejar de lado ‘lo nuestro’. Por eso fuimos incorporando productos propios y totalmente identificativos de Valladolid como la alfarería de Portillo, muñecas con el traje típico de Valladolid, cerámicas, camisetas con estampaciones de los principales edificios de la ciudad...".
Un día una norteamericana vio en la tienda una bandera con el toro y me dijo literalmente: "Quiero esta misma bandera pero con los cojones más grandes".
‘El Escudo de España’ uno de los pocos reductos de comercio tradicional cerró sus puertas el 1 de abril de 2008, Alfonso dijo entonces que, como ocurre en la mayoría de negocios familiares, la cuarta generación "opta por ejercer otras actividades al haber vivido muy de cerca los sacrificios que exigen estos pequeños negocios".

De los diez biznietos que integran la cuarta generación, ninguno sintió el ‘gusanillo’ de continuar con esta tradición centenaria. 
Pero Valladolid no se quedó sin tienda de souvenires. Pocos meses antes del cierre abrió en la Plaza del Ochavo un nuevo establecimiento regentado por Montse Corrales- "Alfonso nos animó mucho porque la ciudad necesita una tienda así", concluye ilusionada.


-Fuente: El Día de Valladolid

10/8/17

Juguetería Mentaberry. Noventa años vendiendo ilusión


En la calle Ferrari, se ubica Mentaberry, la juguetería que a finales de los años 30 del pasado siglo nació de la mano de Enrique Mentaberry. Hoy su nieto, Juan José Viloria, es quien regenta este negocio familiar que trata de conservar el espíritu de los grandes bazares. Los juegos de mesa y otros aparatos electrónicos comparten escaparate donde antes lo hacían vehículos de hojalata, peonzas... «Antes los juguetes “estrella” eran los muñecos y caballitos de cartón. Con la televisión todo ha cambiado. Triunfa lo que sale en las series», comenta el actual propietario.


Juanjo recuerda cómo la llegada de las grandes superficies revolucionó el negocio, que se vio abocado a buscar otros productos que lo diferenciasen de la competencia. «Hemos tendido hacia el juguete más tradicional, aquél que el padre quiere casi más que el hijo». Hoy a Mentaberry acuden a comprar los hijos y nietos de sus primeros clientes. «Es gente a la que no le gustan las aglomeraciones y prefieren un trato más personal». Dice Juanjo que en estos últimos setenta años no ha cambiado el perfil del consumidor «niño», que mantiene la misma ilusión, pero sí de los mayores. «Antes se buscaban cosas más curiosas y ahora se tiende a lo práctico: ropa y poco más».


Foto: F. HERAS (ABC)
Juan José Viloria, frente a la juguetería Mentaberry que regenta

8/8/17

Castillo de Mucientes

 


En el año 1326, Alfonso XI de Castilla entrega el lugar de Mucientes "con su castiello" a su mayordomo mayor Alvar Núñez Osorio. El documento es la primera mención escrita de lo que fue un edificio modesto, utilizado hasta el siglo XVII como palacio residencial por los sucesivos condes de Ribadavia, señores de Mucientes.



En sus, al menos, 400 años de existencia, la fortaleza fue testigo de visitas reales, de confinamientos, de asaltos… Pero, sin duda, su momento de mayor esplendor lo alcanza cuando es utilizado como Palacio Real –y por tanto capital de los reinos de Castilla– durante la primera semana de julio de 1506. En aquellos días de ambiciones e intrigas, Felipe I de Castilla 'el Hermoso' intentó –sin éxito– que los procuradores castellanos inhabilitaran para las labores de gobierno a Juana I de Castilla 'la Loca'. Cuentan las Crónicas que "doña Juana estaba sola, en una sala oscura, sentada en una ventana, vestida de negro y unos capirotes puestos en la cabeza que le cubrían el rostro".



Durante la guerra de las Comunidades de Castilla, las tropas de la Junta, al mando de Padilla, conquistan Mucientes el 5 de febrero de 1521 y ponen a Juan de Mendoza al frente de la defensa del castillo. Aunque la Junta de Valladolid ordenó el "derrueque" de la fortaleza, esta orden no llega a ejecutarse.



En 1751, el Catastro de Ensenada aporta las medidas de la fortaleza: 60 varas de frente por 220 varas de fondo [50 x 185 metros], describiéndolo ya como "un castillo arruinado, con diferentes trozos de muralla en su circunferencia". En 1823 se autoriza a sacar piedra de dos paredes para "obras de utilidad común". Un siglo después, en 1932, siguen arrancándose sillares "para las obras de los lavaderos de la fuente nueva". El fin estaba próximo: diez años después, la 'cantera' se había agotado.





En 2006, con motivo de las celebraciones del V Centenario de aquellas Cortes de Mucientes, el Ayuntamiento protege en su planeamiento urbanístico el altozano, el foso y sus alrededores para que, en unos años, se convierta en un gran parque público con los restos recuperados del castillo como eje central.



La excavación arqueológica comenzó en el mes de octubre de 2006. Seis meses después ya habían sido descubierto los arranques de los muros de las caras norte y este, además de buena parte del pavimento original del patio de armas y de la torre del homenaje, capiteles y tambores de columnas, el aljibe, etc.

Fuente texto : Wikipedia

22/12/16

Desafiando a las alturas en el Valladolid de los 60



Charles Ebbets es el autor de la fotografía superior tomada en los años 30 durante las construcción del Rockefeller Center de Nueva York. Se puede observar cómo los obreros toman un descanso sentados en una viga de acero a más de  200 metros sobre el nivel del suelo. El título original de la fotografía es Lunch a top a skyscraper (Almuerzo en la cima de un rascacielos). Es una de las fotografías más vendidas del mundo. Fue tomada en Nueva York el 29 de septiembre de 1932, y la publicó el New York Herald Tribune en el suplemento dominical del 2 de octubre del mismo año.
Valladolid no es Nueva York, de eso no cabe duda y el edificio más alto de la ciudad no le llega a la suela de los zapatos al más vulgar de los rascacielos neoyorkinos, pero estos obreros que aquí aparecen demuestran que también tenían el valor y la pericia de los "Mohawks" (ciudadanos de la reserva de Kahnawake en Montreal, Canadá, mejor conocidos como los caminantes de hierro debido a su común participación en proyectos de gran altura).



La imágenes me las ha cedido amablemente Rodrigo Rojo Herrera. Uno de los trabajadores es su padre Elías Rojo.  Trabajaba en Talleres Ergio, año 1963 /1964. Construían las estructuras metálicas de los edificios. Entonces no eran de hormigón como ahora. Este edificio fue uno de los primeros con estructura de hierro en Valladolid. Elías era soldador. En las fotos están construyendo la estructura del edificio situado en la esquina Teresa Gil con Regalado enfrente de la antigua tienda "Casa del Plástico". Cree recordar que eran siete plantas mas los dos sótanos. Ahora en el sótano esta Calzados Regalado. La estructura metálica de dicho edificio se tardó en construir dos años. Los soldadores y montadores sacaban dos plantas a los albañiles, estos iban haciendo la estructura mientras ellos ponían las bovedillas e iban haciendo el enfoscado de cada planta.


En la foto en que se ve el Sagrado Corazón están en la cuarta o quinta planta los albañiles, montadores y soldadores. Elías se acuerda de sus compañeros. En la viga, de pie, en la foto que están los cinco, dos soldadores de izquierda a derecha, Elías Rojo, Elias Alvarez y los montadores Antonio Alvarez, encargado, Andrés García y Ricardo del cual no recuerda el apellido. En la que están los cuatro no está Antonio.
En las fotos de las vigas creemos que se ve la Iglesia de las Angustias y al fondo la torre de la Iglesia de San Martín.


Superando la temeridad, son el recordatorio de tiempos pasados, que desde luego no fueron mejores.

10/10/16

Los disparos de la fachada del Ayuntamiento de Valladolid



Las labores de adecentamiento que se llevaron a cabo en 2008 con motivo del primer centenario de la construcción de edificio del Ayuntamiento de Valladolid sacaron a la luz los disparos que un grupo de falangistas hicieron contra la ventana del despacho del alcalde (por aquel entonces Antonio García Quintana) durante el levantamiento militar de 1936 que dio origen a la Guerra Civil. El propio alcalde, el último socialista que tuvo en sus manos el bastón de mando municipal hasta la restauración de la democracia, dio la orden de evacuar el edificio por las puertas traseras después de que los sublevados «acribillaran a balazos la fachada desde la Plaza Mayor», según relata Julio del Olmo, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), quien desvela que la fachada de la Casa Consistorial aún luce 53 desconocidos impactos de bala concentrados, sobre todo, en torno a la ventana del aún despacho del alcalde –situado en la primera planta del lateral derecho–. Los ladrillos desconchados y los agujeritos en la piedra sobreviven al paso de los años como testigos mudos de la simbólica caída del último vestigio republicano al día siguiente del alzamiento nacional.

Fachada del Ayuntamiento engalanada con motivo del centenario de su construcción

Los agujeros que produjo una ráfaga de ametralladora llevaban allí y estaban perfectamente localizados pero la suciedad acumulada se había encargado de camuflarlos durante años hasta que esta última limpieza los ha vuelto a dejar perfectamente visibles en el ventanal de la primera planta situado más a la derecha según se mira de frente a la casa consistorial.

"Al verlos, los técnicos preguntaron si se tapaban o los manteníamos y decidimos dejarlo como constancia de lo sucedido", explicó el consejero delegado de Presidencia, Fernando Rubio, de quien dependían las obras de recuperación del Ayuntamiento con motivo del centenario.

No es el único disparo que hay en el Ayuntamiento ya que uno de los cuadros de la Sala de Comisiones alberga en su marco una bala que también se ha decidido mantener. Otros vestigios de la Guerra Civil es una placa del General Mola que queda oculta en el despacho del alcalde y que nadie en Democracia se ha replanteado su retirada.


Fuentes:
 
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